Una cegadora oscuridad, sin enfermeros entrando y saliendo a lo largo de toda la noche y un silencio agradable, placentero, fecundo. Las sábanas hechas de algodón puro, suaves, delicadas y en tono pastel que me abrazaban, tenían la tibieza ideal, la almohada se deformaba en mi cabeza como diciendo “te estaba esperando”. Este sencillo conjunto de cosas, hacían deleitarme en el hecho de que estaba en casa.

 Aun cuando el dolor se las arreglaba para hacerme pensar que algo pudiera estar mal, una especie de cumbre de emociones me adentraban en un estado sedante, era el tranquilizante mas efectivo.

 De repente me descubrí a mi misma, acostada en la cama de mi querido apartamento de soltera, sufriendo el dolor profundo y punzante en el vientre y sangrando copiosamente, con toda la vida anclada a la maxi toalla higiénica.

La cara de tragedia del médico diciendo “tienes una masa grande en el útero“.

Mi cumpleaños número (?) en plenitud, a pesar de ese enemigo oculto.

Acto seguido me descubrí en mi primera vez en un quirófano y diciendo al ginecólogo, “Doctor cuídame el útero por favor“.

Al fondo, la voz de la enfermera diciendo que yo me rehusaba a quedar dormida aun con las grandes cantidades de anestesia.

Con mi cuerpo como fragmentado en 2 partes y el ginecólogo diciendo ” el mioma no lo pude extraer, si lo hacía perdías el útero “.

A continuación vi el momento en que enfrenté de nuevo los mismos tormentosos síntomas, después de esa cirugía, sudando, en medio de una hostigante ola de calor  debido al fármaco que inducía en mi, una especie de menopausia temprana y de nuevo la cara del médico expresando que  el mioma estaba intacto.

Me descubrí batallando arduamente entre el pensamiento y la esperanza, debido a la voz de los especialistas diciendo “tu no tienes ninguna posibilidad de ser madre “.

Frente al espejo sorprendida descubriendo ese brillo especial en la mirada y enamorada de mi cuerpo en embarazo.

Con el frío helando los huesos, totalmente entregada al efecto de la anestesia para el legrado de un embarazo gemelar frustrado a las 8 semanas de gestación.

Escuché mi quebrado tono de voz pidiendo al ginecólogo que me remitiera para acceder al procedimiento de embolización,  y su tajante y firme tono de “Eso a ti no te sirve”.

De repente, tomada de la mano de un hombre fuerte, en busca de una respuesta diferente, por parte del especialista en embolización, aclarando mi voz para contar toda la historia y recibir el anhelado si.

En la recuperación de la embolización y en la plenitud de la madrugada en soledad, me encontraba en una cama con escalofríos y fiebre y acudiendo a la urgencia por que el mioma se había infectado durante la embolización.

Días después estaba encapsulada en la cajuela de una ambulancia acudiendo al imperio en salud en la búsqueda de la cura para la infección que amenazaba mi luchador útero y mi luchadora esperanza.

Estaba frente al ginecólogo de renombre del imperio en salud y el  me decía; te vamos a sacar el útero, por que primero está su vida y yo sacando mi voz desde lo mas profundo de mi ser, diciendo mi mas apasionado no.

 —Dale play a tu película. Me dije.

Toda la película pasó por mi mente, clara,veraz y muy rápido.

Me di el permiso de dar play, revivir cada persona, cada situación y lugar, cada sentimiento por aplastante que fuera, me di el premiso de digerirlo con todo y la ola de emociones que iban y  venían. Me di el permiso de seguir sanando.

Al final de la película y consciente e instalada en el aquí y el ahora,  me invadió por completo la satisfacción pura y  en exceso. Estaba en un éxtasis, en modo victoria, ganadora, triunfante y vencedora frente a ese maldito intruso, el mioma. Pronuncié las palabras que marcarían el desenlace de este capítulo, con furia y convicción dije:

Ni un analgésico mas ¡  Y así fue.

De nuevo en la vida activa, la rutina me supo a gloria, percibí que mi visión con las mujeres con las que trato a diario, se había agudizado y me sorprendí en el interesante oficio de descubrir una historia uterotópica en ellas, izando la bandera de la conservación del útero.

Fue apasionante conocer a Jazmín de 31 años, que ya no tiene ovarios por que los tumores se los arrebataron.

A  Hortensia de 42 años, la mujer que no tiene útero y que no fue prevenida en que debía tener especial cuidado de su corazón, ya que sin útero ella sería más propensa a infartos.

A Flora, que aún sin sus 2 trompas, anhela tener su segundo hijo, empezando su segundo matrimonio.

A Dalia, que a pesar de sus múltiples miomas uterinos esta llevando un embarazo exitoso y le apunta a que llegue a feliz término.

A Margarita que a sus 33 años, se le realizó la histerectomía, debido a un cáncer de útero que amenazaba con su vida, y a la vez, ver su felicidad por haber adoptado a su sobrina migrante y solitaria de 5 años.

Y muchas más, un variado número de historias y rostros, con condiciones uterotópicas tan vividas como la tuya y la mía.

 

6 meses han pasado, de historias uterotópicas, de la constante rutina, de pequeños objetivos diarios para mejorar la salud, pero siempre enfocados en el propósito principal: el maldito intruso debería estar reducido a  1 /4 de su tamaño.

El caballero de la bata blanca, tenía brillo en sus ojos y sus colaboradores sonreían, me miraban con mucho asombro;

Contigo hemos logrado en 6 meses lo que se esperaba lograr en 1 año. Felicitaciones ¡ El mioma ha reducido mas de la mitad de su tamaño original. Dijo el caballero de la bata blanca.

No tengo ni el mas mínimo asomo de duda que estoy curada. Respondí.

Yo te doy de alta. Esto ha sido éxito total y rotundo y lo mejor; tienes tu útero. Añadió.

Salí de ese consultorio con una sonrisa enorme, en el recinto hubo un silencio diferente, todos me miraban, mis pulsaciones estaban aceleradas, mis manos sudaban mucho, debí reafirmar mis pies en mis zapatos de tacón por que estaba como caminando en el aire, mi piel estaba helada y creo que mi rostro se sonrojó.

Tuve que detenerme en algún lugar del pasillo y buscar un lugar para sentarme, tenía la felicidad desbordada, había tanta satisfacción en mi corazón que sentí un leve temblor en el cuerpo, tenía que digerir completa esta emoción, la alegría y el ímpetu de saberme vencedora. Permanecí ahí sentada en silencio no se por cuantos segundos o minutos, mi madre entendió y miró al cielo, en su propio silencio agradecido. Alcé la vista y me vi reflejada en el vidrio de una puerta frente a mi. La mujer que lucía jean color rosa con blusa de hombros descubiertos color marfil, pelo rizado, largo, suelto y sus enormes aretes exóticos color lila reflejada en el vidrio, era una mujer en victoria.

Tu también puedes serlo ¡

 

 

 

 

La nublada mañana de invierno adornaba la bonita ciudad, me he despertado feliz por haber logrado una hora más de sueño a pesar de la rutina de enfermería, puse mi pie derecho en el piso, mi acompañante de turno, mi hermana, estaba despierta y atenta para ayudarme a caminar con el dispendioso dispositivo conectado a mis venas, llegué hasta el baño y confirmé que estaba caminando erguida.

Caminé derecha y este era el principal indicador de estar cerca a mi libertad, me estaba desprendiendo del dolor que me mantenía encorvada, inclinada hacía el, como haciendo reverencia, para que hiciera conmigo todo lo que se le antojara, no más sumisión, el cambio de antibiótico me alistaba para liberarme y para calificar de nuevo el dolor que estaba sintiendo de un intenso 9 a un tolerable 2. Read Full Article

Cae el atardecer del día 10 de la hospitalización, los finos rayos de sol se cuelan por la pequeñísima y única ventana de la habitación causan una sensación de bienestar que no puedo explicar, doy un vistazo a En diciembre llegaban las brisas de Marvel Moreno, escritora barranquillera*, no me concentro, mi mente está anclada en saber si la infección ha disminuido. Read Full Article

Esa noche, todos en la habitación éramos conscientes que el balance era: 7 días sin mejoría. Los resultados de los exámenes estaban cada vez mas alterados, era claro que la infección avanzaba y el antibiótico no había hecho efecto alguno.

El médico de turno con cara de esmero nos habló de todo lo que ha involucrado el tratamiento e hizo énfasis en  que era momento de remitirme a otro nivel de salud, mi respuesta fue:

––Por favor remítame.

––Tu respuesta me indica que ésta es la decisión correcta, te vas a un tercer nivel de salud. Respondió el doctor.

Lloré amargamente, eran sollozos fuertes que se apoderaban de mí, pero me  negaban el privilegio del desahogo, era un llanto que no se alcanzaba a  escuchar, mas era un amargo lamento, moví mi cuerpo al sollozar y no me importaba llegar a lastimar el frágil y adolorido vientre. La frustración de haber pasado 7 días en tratamiento sin cura, sin mejoría y con el riesgo inminente de perder el útero se apoderó del momento. Read Full Article

6 de la mañana, se abre tempestivamente la puerta de la habitación de hospital y entra el ginecólogo (famoso por su frase “cuando toca, toca “). Yo me encontraba muy alerta pues se trata de una de las visitas mas esperadas del día. Por su manera de entrar percibo que se mueve entre  una gran dosis de energía o una gran dosis de prisa, veo su rostro y le apunto a que se trata más de prisa que de cualquier otra cosa.

––Buenos días ¿Cómo se siente ?

––Buenos días doctor. La verdad me siento muy mal, el dolor está apoderado de mi.

__ ¿ Tiene fiebre ?

__Si señor, la fiebre está haciendo una especie de montaña rusa conmigo.

Y sin decir palabra, el ginecólogo sale de la habitación y con él también se escapa un poco la esperanza sobre el infierno no resuelto que se está viviendo en mi útero y hasta mas. He pasado 4 días en el cuarto de hospital, he recibido 2 dosis de antibiótico por día y ese mismo número de días que no se lo que es masticar o disfrutar un alimento o al menos beber un vaso de agua. Read Full Article