17. DE 0 A 10.

6 de la mañana, se abre tempestivamente la puerta de la habitación de hospital y entra el ginecólogo (famoso por su frase “cuando toca, toca “). Yo me encontraba muy alerta pues se trata de una de las visitas mas esperadas del día. Por su manera de entrar percibo que se mueve entre  una gran dosis de energía o una gran dosis de prisa, veo su rostro y le apunto a que se trata más de prisa que de cualquier otra cosa.

––Buenos días ¿Cómo se siente ?

––Buenos días doctor. La verdad me siento muy mal, el dolor está apoderado de mi.

__ ¿ Tiene fiebre ?

__Si señor, la fiebre está haciendo una especie de montaña rusa conmigo.

Y sin decir palabra, el ginecólogo sale de la habitación y con él también se escapa un poco la esperanza sobre el infierno no resuelto que se está viviendo en mi útero y hasta mas. He pasado 4 días en el cuarto de hospital, he recibido 2 dosis de antibiótico por día y ese mismo número de días que no se lo que es masticar o disfrutar un alimento o al menos beber un vaso de agua.

La fiebre se desvanece y con su partida llega la esperanza de curar, esto alienta y hace creer devotamente en el tratamiento.

––” Ves que si te ha servido el tratamiento, tu útero está a salvo ” Haciendo una especie de auto-ayuda y monólogo interno, que después comparto con mi madre.

Pero al momento la montaña rusa que obligada vivo con la fiebre, empieza a subir y la auto ayuda cambia por;

––“Oh no, peligro de pérdida de útero por infección”

Esa tarde, estaba totalmente determinada a darle a mi estómago un pequeño detalle, comí una poca cantidad de lo poco que se me antojó. Mi madre, compañera fiel de habitación, terminaba su plato de comida y veía en tv las noticias de esta hermosa patria, noticias nada alentadoras como de costumbre y  por tal razón resolví dormir la siesta, me coloqué el antifaz suave, oscuro, relajante y muy cómodo que simula una noche oscura en mis ojos en pleno medio día, engaña a mi cerebro y lo predispone para dormir, es una maravilla. Reposé durante aproximadamente 30 minutos y quise ir al baño, mis piernas respondieron de manera excelente, pisé con firmeza pero la respuesta inesperada fue la de mi torso. Dí un paso y era totalmente imposible mantenerme erguida, caminé otro paso totalmente encorvada, otro paso más y mis ojos solo veían mis pies, caminé muy lento, con mi mano derecha sostenía mi adolorido vientre y mi mano izquierda estaba sostenida por la mano de mi madre, llegué al baño pues necesitaba estar a solas con la del espejo, me urgía pedirle firmemente que caminara erguida y dispuesta a hacerlo, salí del baño tratando de corregir mi postura encorvada y fue imposible.

El dolor me tenía en sus garras,  se agudizaba, cada vez era más punzante y estremecedor, llegué de nuevo a la cama y ya no ví el rostro de mi madre por que las lágrimas me invadieron y genial que haya sido así, fue mejor no haber visto su rostro por que se que ella estaba triste desde el almuerzo y esto hubiese sido doble dolor para mi, aunque ella culpaba de su tristeza a las desastrosas noticias que veía en tv, obviamente la causa de ese pesar era la uterotopía.

Me recosté y el infierno se hizo presente de nuevo. No se si transcurrieron horas o minutos, el dolor es un aliado perfecto para perder la noción del tiempo. No pronunciaba ni una sola palabra, todo eran sollozos, quejidos y lamentos profundos.Me imaginé de pie frente al espejo del baño diciéndome a mi misma.

––Resiste¡ Resiste¡

Y a la vez esa misma voz me decía;

––Ese dolor es mas fuerte que tu.

Comenzó la batalla, las punzadas electrizantes en mi interior, el sangrado aumentando, las contracciones y la fiebre. La bandeja que transportó el medicamento me pareció como una especie de bandeja elegante para ofrecer un regalo y en medio del chorro de lágrimas vi al enfermero sin su uniforme, lo ví con un traje de superhéroe.

En este cómic, este superhéroe fue un looser y este no tuvo final feliz puesto que ese medicamento y nada fue lo mismo. Cayó la noche y yo estaba doblada en la cama, el dolor era cada vez mas intenso, me desesperé y pensé;

––Muere maldito. Si esto es lo necesario para que ese mioma desaparezca, aunque me cueste lágrimas de sangre pues que me cueste, pero que muera el maldito intruso.

En el rostro de mis acompañantes de habitación, madre y esposo, eran evidentes la tristeza, desesperación y frustración.

Finalmente entró un médico y con solo ver la escena, preguntó;

––De 0 a 10. ¿ Como calificaría usted el dolor que esta sintiendo?

__ Nunueeve. Balbuceé.

El médico salió de la habitación y 10 minutos después llegó una super heroína en traje de enfermera con la bandeja y en ella una jeringa llena.

Treinta minutos después sentí alivio y 1 hora después sentí sosiego.Ya no había dolor, se había esfumado y mis familiares empezaron a recuperarse conmigo, se esfumó su sentimiento de impotencia a pesar de su valiosa presencia en ese lugar.

Atesoré mucho tener a esos seres humanos cerca.

En ese momento empezaron las lágrimas a correr, las lágrimas bailaban en mi cara como gotas de lluvia caer en el techo, era un llanto sensiblero y muy infantil, me sorprendió haber reaccionado así, pero estaba en nivel cero de dolor y eso era lo único que  me importaba.

Todo indicaba que tanto yo como mi fiel acompañante podíamos dormir esas cortas horas en paz hasta que el personal de  turno encendiera las luces y se ocuparan a mitad de la noche en tomar signos vitales, registrar temperatura, revisar historial, preguntar por la orina, por el popo y decir su frío ” como se siente ” por tercera vez en el día.

Al día siguiente, dispuesta a dormitar la diminuta siesta de medio día, quise disfrutar del confort que es dormir de lado y me lastimé, aún cuando el giro lo hicimos con toda la sutileza y ayuda, la fuerte oleada de dolor nivel 9 se presentó enfurecida. Si señores volvió el dolor nivel 9, deseaba con todas la fuerzas de mi ser que se acercara uno de los superhéroes con la bandeja y aplicaran no se que, que me hiciera pasar en pocos minutos de 9 a 1 y poder vivir con ese 1.

Hizo su entrada triunfal el superhéroe del hospital  y con el, la jeringa que se llevó el dolor, pero volvieron las lágrimas y mientras mas las secaba y las trataba de contener mas brotaban, dejé que fluyeran pues me cansaba de contenerlas y que desfiguraran mi semblante a su antojo.

Pasó el día 3 y a la misma hora llegó la contracción seguida de la punzada que en realidad no se marchaban del todo sino que daban intensidad al infierno dentro de mi.

––Muere maldito. Pensé para mi.

Una vez más me volví a encontrar en nivel 2 casi 1 de dolor y a su vez volvieron a  brotar las lágrimas, mis acompañantes estaban exhaustos por verme en ese nivel de dolor extremo y exhaustos de tanto secar y secar lágrimas un día mas.

Llegó el enfermero y fue el momento perfecto para preguntarle cual era su arma secreta, que era lo que aplicaba que hacía que pasara de un nivel a otro de dolor en pocos minutos y la respuesta fue;

––Es que solo te sacamos de ese dolor con morfina.

La habitación se llenó de silencio y sorpresivamente se abre la puerta con tempestiva energía, entraron dos hombres portando el uniforme de la Cruz Roja traían en sus manos una enorme canasta de frutas y una tarjeta llena de mensajes del equipo de personas que han sido compañeros de labor por casi 5 años.

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5 respuestas a “17. DE 0 A 10.

  1. Qué valiente y fuerte eres amiga, eso es Dios actuando en ti en todo momento, y sobre todo que tienes lo más preciado LA FAMILIA contigo en todo momento, eso suma a la fortaleza que necesitas, y a seguir en la batalla, porque seguro verás frutos bonitos ….estoy segura!

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  2. Los amigos y la familia, divino tesoro. No supe de todo esto, pero mi profunda admiración, compartir todo este revolcón de vivencias y emociones, sólo una guerrera. Dios te bendiga Dayanne

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