Imagen personal

La nublada mañana de invierno adornaba la bonita ciudad, me he despertado feliz por haber logrado una hora más de sueño a pesar de la rutina de enfermería, puse mi pie derecho en el piso, mi acompañante de turno, mi hermana, estaba despierta y atenta para ayudarme a caminar con el dispendioso dispositivo conectado a mis venas, llegué hasta el baño y confirmé que estaba caminando erguida.

Caminé derecha y este era el principal indicador de estar cerca a mi libertad, me estaba desprendiendo del dolor que me mantenía encorvada, inclinada hacía el, como haciendo reverencia, para que hiciera conmigo todo lo que se le antojara, no más sumisión, el cambio de antibiótico me alistaba para liberarme y para calificar de nuevo el dolor que estaba sintiendo de un intenso 9 a un tolerable 2. Read Full Article

En las paredes se encuentran los retratos de rostros sonrientes de hijos y nietos que, aunque en tierras lejanas, viven por siempre en el hogar que los vio crecer. En la sala de estar, un estante lleno de porcelanas que parecieran recrear la escena de un elegante recital de ballet y en el corredor, el cuadro de las murallas de su Cartagena natal,  me conecta con su amor por la familia y su ya casi diluido acento costeño.

Una bandeja de plata adornada con un tapete tejido transporta el té de cítricos que me ha ofrecido y cada rincón de la casa transmite paz como a cuenta gotas. No puede haber mejor ambiente para conversar con una mujer que se la ha pasado “de perlas” en su vida. Al fondo se escuchan los pasos de alguien con la misma calma y paz de los rincones de la casa, al parecer  está laborando en algo, es su esposo y compañero.

__¿Cómo le fue hoy en su juego ? Le pregunto.

__Muy bien, hoy perdí 3000 pesos. Responde con risas.

__¿Y como están sus amigas ? Por que ya lo son. ¿No es así ?

__Si, ya son 30 años de juego.

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