SALUD Y BIENESTAR

Una cegadora oscuridad, sin enfermeros entrando y saliendo a lo largo de toda la noche y un silencio agradable, placentero, fecundo. Las sábanas hechas de algodón puro, suaves, delicadas y en tono pastel que me abrazaban, tenían la tibieza ideal, la almohada se deformaba en mi cabeza como diciendo “te estaba esperando”. Este sencillo conjunto de cosas, hacían deleitarme en el hecho de que estaba en casa.

 Aun cuando el dolor se las arreglaba para hacerme pensar que algo pudiera estar mal, una especie de cumbre de emociones me adentraban en un estado sedante, era el tranquilizante mas efectivo.

 De repente me descubrí a mi misma, acostada en la cama de mi querido apartamento de soltera, sufriendo el dolor profundo y punzante en el vientre y sangrando copiosamente, con toda la vida anclada a la maxi toalla higiénica. Read Full Article