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Haber conocido al caballero jovial de bata blanca y que me diera el SI, provocó una sensación de autoconfianza y seguridad únicas, volví a abrirle de par en par las puertas a la esperanza,  sería imposible describir con sólo una palabra lo que significó ese SI. Ese día, aún sin haber accedido al procedimiento y con los síntomas cada vez más alarmantes, ese día me supo a gloria.

¿Recuerdas momentos que te saben a gloria ?     ¿Con quién estabas? 

¿Cuáles son los olores y sabores que te evocan esos momentos?

¿Que actividades de tu vida o de tu rutina te conectan con un estado de satisfacción?

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Por siglos, uno de los oficios mas populares que se le ha atribuido al tiempo es el oficio de curandero, esta importantísima labor de sanador se la juega de manera mas impetuosa  en los sentimientos que aquejan a nuestro corazón, aunque el tiempo como curandero es muy eficiente ha necesitado aliados para llevar a cabo su tarea de sanar, puedo decir que tras largas horas a solas con el ( mi corazón) he notado que este valiente y bien dotado órgano ha hecho otra de sus valiosas alianzas, la ha hecho con la paciencia. Si, se ha unido a  la paciencia como una amiga persistente y asertiva, extrayendo  de ella dosis extras para dotarte de esa capacidad de permitirte sentir, sanar,  volver a sentir, aceptar y seguir.

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El atardecer caía con un resplandor cálido, las nubes teñidas de un tono rosa-grisáceo dibujaban una tarde perfecta. En la pradera jugueteaban cerebro y corazón, divirtiéndose hasta mas no poder.

––Esto de ser amigos me encanta. Dijo el entusiasmado corazón.

––A mi también. Tu me ayudas , yo te ayudo. Dijo el cerebro.

––Siento más coraje y más fuerza, mi latir está acelerado.

––Creo que gracias a ese latir, yo disfruto de más oxígeno.

––Sonríe amigo, quiero una selfie contigo.

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En las paredes se encuentran los retratos de rostros sonrientes de hijos y nietos que, aunque en tierras lejanas, viven por siempre en el hogar que los vio crecer. En la sala de estar, un estante lleno de porcelanas que parecieran recrear la escena de un elegante recital de ballet y en el corredor, el cuadro de las murallas de su Cartagena natal,  me conecta con su amor por la familia y su ya casi diluido acento costeño.

Una bandeja de plata adornada con un tapete tejido transporta el té de cítricos que me ha ofrecido y cada rincón de la casa transmite paz como a cuenta gotas. No puede haber mejor ambiente para conversar con una mujer que se la ha pasado “de perlas” en su vida. Al fondo se escuchan los pasos de alguien con la misma calma y paz de los rincones de la casa, al parecer  está laborando en algo, es su esposo y compañero.

__¿Cómo le fue hoy en su juego ? Le pregunto.

__Muy bien, hoy perdí 3000 pesos. Responde con risas.

__¿Y como están sus amigas ? Por que ya lo son. ¿No es así ?

__Si, ya son 30 años de juego.

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La brisa era impetuosamente deliciosa, el sol salía como una candente caricia, mis pies descalzos se relajaban con la arena y jugueteaban con ella, las olas  refrescaban mis tobillos  y en su ir y venir se abría paso el sentimiento de plenitud que me produce el mar. Minutos mas tarde en medio de este éxtasis, pienso en el fondo del mar y su multitud, descubro el temor que me produce su profundidad y tal como las olas, surgen emociones en mi a modo de vaivén.

Comparo el vaivén de las olas con el corazón y su dinámico fluir de emociones. Así como una ola no es igual a otra, tal cual sucede en el corazón, existen un sinnúmero de movimientos en su infinita gama de emociones y contrastes. Aún con sus diferentes matices, existe algo que es constante, algo que prevalece y lo invade, eso es la abundancia de amor e ilusión.

Tanta es esa abundancia que sin importar si reside en el fondo o en la superficie del corazón, es capaz de hacerse notar a donde quiera que vayas, con quien estés, no le importa si le das permiso para mostrarse; incluso es tan fuerte esa habilidad del corazón que algunas veces simplemente te domina y te lleva a estados que nunca habías experimentado, estados que no necesitan ser publicados en una red social , ni necesitan un gran número de  “me gusta”, estados que te impregnan el alma y te hacen ser tu mejor versión. No cabe duda que el corazón se la juega para transfigurarte y envolverte en su arte de amar. Se hace evidente en tu semblante, en tus palabras , actos y hasta en tu risa. Hablo de  semblantes delatores y recuerdo inmediatamente a Catleya, ella es de esas amigas que llevan 50 primaveras cultivando muy bien su jardín y como si fuera poco, poseen un afinado radar de estados.

— ¿Que te hiciste ? ¿Acaso uno de tus famosos spas faciales ? Pregunta ella.

–Si siempre. ¿Por qué ? Respondo.

–¡Te ves radiante¡  ¡Parece como si hubieses tenido mi sagrado día¡

–” Mi sagrado día ” ¿Qué es ?  Cuéntame de que se trata.

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Aceptando que el gran mioma se llevara todo el protagonismo de la ecografía y con la conclusión que no se evidenciaba el saco gestacional,  me fue realizada en términos un poco urgentes la beta, esta hormona sería  la encargada de darnos mas luces de lo que estaba sucediendo.  El resultado,  la beta estaba en aumento y según su cuantificación me ubicaba en un embarazo de 6 semanas.

Esto era lo que necesitábamos  para entrar en modo calma y dulce espera, para recargarnos de  nuestras respectivas provisiones de esperanza, de modo que nos dure al menos  8 días más,  hasta realizar de nuevo el seguimiento al embarazo.

Empieza la batalla, a un lado del cuadrilátero estaba el cerebro, muy bien entrenado,  tenía todos los argumentos preparados  y con toda su racionalidad a flote, del otro lado estaba  el corazón, auténtico, deseoso y  sensible, descubriéndose a si mismo como un órgano mas ensanchado y robusto , albergando  un sentimiento diferente que le permitía abrirse paso ante el cerebro y dar la lucha.

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