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La brisa era impetuosamente deliciosa, el sol salía como una candente caricia, mis pies descalzos se relajaban con la arena y jugueteaban con ella, las olas  refrescaban mis tobillos  y en su ir y venir se abría paso el sentimiento de plenitud que me produce el mar. Minutos mas tarde en medio de este éxtasis, pienso en el fondo del mar y su multitud, descubro el temor que me produce su profundidad y tal como las olas, surgen emociones en mi a modo de vaivén.

Comparo el vaivén de las olas con el corazón y su dinámico fluir de emociones. Así como una ola no es igual a otra, tal cual sucede en el corazón, existen un sinnúmero de movimientos en su infinita gama de emociones y contrastes. Aún con sus diferentes matices, existe algo que es constante, algo que prevalece y lo invade, eso es la abundancia de amor e ilusión.

Tanta es esa abundancia que sin importar si reside en el fondo o en la superficie del corazón, es capaz de hacerse notar a donde quiera que vayas, con quien estés, no le importa si le das permiso para mostrarse; incluso es tan fuerte esa habilidad del corazón que algunas veces simplemente te domina y te lleva a estados que nunca habías experimentado, estados que no necesitan ser publicados en una red social , ni necesitan un gran número de  “me gusta”, estados que te impregnan el alma y te hacen ser tu mejor versión. No cabe duda que el corazón se la juega para transfigurarte y envolverte en su arte de amar. Se hace evidente en tu semblante, en tus palabras , actos y hasta en tu risa. Hablo de  semblantes delatores y recuerdo inmediatamente a Catleya, ella es de esas amigas que llevan 50 primaveras cultivando muy bien su jardín y como si fuera poco, poseen un afinado radar de estados.

— ¿Que te hiciste ? ¿Acaso uno de tus famosos spas faciales ? Pregunta ella.

–Si siempre. ¿Por qué ? Respondo.

–¡Te ves radiante¡  ¡Parece como si hubieses tenido mi sagrado día¡

–” Mi sagrado día ” ¿Qué es ?  Cuéntame de que se trata.

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Aceptando que el gran mioma se llevara todo el protagonismo de la ecografía y con la conclusión que no se evidenciaba el saco gestacional,  me fue realizada en términos un poco urgentes la beta, esta hormona sería  la encargada de darnos mas luces de lo que estaba sucediendo.  El resultado,  la beta estaba en aumento y según su cuantificación me ubicaba en un embarazo de 6 semanas.

Esto era lo que necesitábamos  para entrar en modo calma y dulce espera, para recargarnos de  nuestras respectivas provisiones de esperanza, de modo que nos dure al menos  8 días más,  hasta realizar de nuevo el seguimiento al embarazo.

Empieza la batalla, a un lado del cuadrilátero estaba el cerebro, muy bien entrenado,  tenía todos los argumentos preparados  y con toda su racionalidad a flote, del otro lado estaba  el corazón, auténtico, deseoso y  sensible, descubriéndose a si mismo como un órgano mas ensanchado y robusto , albergando  un sentimiento diferente que le permitía abrirse paso ante el cerebro y dar la lucha.

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La entrada triunfal de la menstruación con la compañía de los sangrados excesivos, el agotamiento físico, los días en cama, las noches de panty pañal y todas las muchas renuncias, me  alistaban para la larga lista de los famosos exámenes hormonales , entre ellos  la tal hormona  antimulleriana, cuya utilidad es  saber como se encuentra la reserva ovárica, es decir mide la ovulación de una mujer en términos de cantidad,  que en condiciones geniales el resultado debería  ser mayor a 1.

Una vez obtenidos los resultados de los exámenes hormonales y el test de espermograma con prueba de  capacitación del galán, volvimos al lujoso consultorio con el prestigioso especialista en  fertilidad.

El resultado de la hormona antimulleriana fue 0.56 , lo cual, para el criterio del especialista no me alcanzaba para lograr un embarazo. Además y dicho en sus propias palabras, así no tienes ninguna posibilidad. 

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Si hiciera memoria  de mi mas recóndito pensamiento a los 14 años , encuentro con certeza recuerdos en los que en mi mente adolescente  yo  deseaba hasta el tuétano que me llegara  la primera menstruación, hoy recuerdo con risas eso de que todas las chicas del salón ya habían tenido su menarquia y yo no, que ellas ostentaban sus caderas grandes  y que para mi no había jean que ajustara a mis escuálidas caderas, mi cuerpo era tan delgado  que era un anhelo para mi  lucir el ultimo grito de la moda de los 90’s. En esa época los ceses escolares eran frecuentes en  la escuela pública, y se convertían en el espacio  perfecto para ir a la casa de una compañera y armar  fiestas improvisadas a las 10 de la mañana al ritmo de merengues de Wilfrido Vargas,  solo tomábamos gaseosa y comíamos pasa bocas de paquete, y  nos retábamos a ser unos bailarines expertos. No habían muchas fotos para compartir momentos virtuales instantáneos , ni mucho menos filtros para nuestros rostros, nadie tenía teléfono celular y no estábamos ansiosos por obtener likes, nunca se nos ocurriría tomarnos fotos frente a un espejo, simplemente éramos solo nosotros y nuestro genial festejo, el único interés era   esperar con ansias que nuestros padres  revelaran el rollo de fotos de nuestros festivos y amigueros encuentros.

Momentos que se convertirían en las bases de una  amistad para toda la vida, 21 años mas tarde seguimos  frecuentándonos en nuestro pueblo natal.

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En consulta de fertilidad.

El  consultorio ostentaba su lujo, desde el pad mouse del pc, hasta el gran ventanal  con la super vista al imponente cañón. Estar ahí me hacía sentir como en una especie de cima, por el tipo de servicio y por el tipo de profesional al que estaba acudiendo. Ese día observé en la pared el diploma perfectamente enmarcado de  un grado de estudio superior hasta el momento desconocido para mí, llamado fellowship, este es otorgado a  un estudiante graduado a quien dan una beca para investigación ,  un profesional con un fellowship  es un  miembro de ciertas sociedades selectas .

Recordé a mi abuela, y su conclusión a cerca de la  inteligencia emocional, creo que si esta inteligencia se estudiara, en ese momento yo tuviera investigación doctoral, para relatar detallada y asertivamente toda la historia que hasta el momento  he estado desarrollando en esta uterotopía , empezando por la noticia  del mioma en pleno cumpleaños, someterme a una cirugía que falló, y a un tratamiento hormonal que me dejaba en etapa menopaúsica ; lo cual amenazaba nuestra expectativa como pareja.

Cuando llegó el momento de su intervención, el profesional me dio  la siguiente explicación :

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