dolor

La nublada mañana de invierno adornaba la bonita ciudad, me he despertado feliz por haber logrado una hora más de sueño a pesar de la rutina de enfermería, puse mi pie derecho en el piso, mi acompañante de turno, mi hermana, estaba despierta y atenta para ayudarme a caminar con el dispendioso dispositivo conectado a mis venas, llegué hasta el baño y confirmé que estaba caminando erguida.

Caminé derecha y este era el principal indicador de estar cerca a mi libertad, me estaba desprendiendo del dolor que me mantenía encorvada, inclinada hacía el, como haciendo reverencia, para que hiciera conmigo todo lo que se le antojara, no más sumisión, el cambio de antibiótico me alistaba para liberarme y para calificar de nuevo el dolor que estaba sintiendo de un intenso 9 a un tolerable 2. Read Full Article

Cae el atardecer del día 10 de la hospitalización, los finos rayos de sol se cuelan por la pequeñísima y única ventana de la habitación causan una sensación de bienestar que no puedo explicar, doy un vistazo a En diciembre llegaban las brisas de Marvel Moreno, escritora barranquillera*, no me concentro, mi mente está anclada en saber si la infección ha disminuido. Read Full Article

Esa noche, todos en la habitación éramos conscientes que el balance era: 7 días sin mejoría. Los resultados de los exámenes estaban cada vez mas alterados, era claro que la infección avanzaba y el antibiótico no había hecho efecto alguno.

El médico de turno con cara de esmero nos habló de todo lo que ha involucrado el tratamiento e hizo énfasis en  que era momento de remitirme a otro nivel de salud, mi respuesta fue:

––Por favor remítame.

––Tu respuesta me indica que ésta es la decisión correcta, te vas a un tercer nivel de salud. Respondió el doctor.

Lloré amargamente, eran sollozos fuertes que se apoderaban de mí, pero me  negaban el privilegio del desahogo, era un llanto que no se alcanzaba a  escuchar, mas era un amargo lamento, moví mi cuerpo al sollozar y no me importaba llegar a lastimar el frágil y adolorido vientre. La frustración de haber pasado 7 días en tratamiento sin cura, sin mejoría y con el riesgo inminente de perder el útero se apoderó del momento. Read Full Article

6 de la mañana, se abre tempestivamente la puerta de la habitación de hospital y entra el ginecólogo (famoso por su frase “cuando toca, toca “). Yo me encontraba muy alerta pues se trata de una de las visitas mas esperadas del día. Por su manera de entrar percibo que se mueve entre  una gran dosis de energía o una gran dosis de prisa, veo su rostro y le apunto a que se trata más de prisa que de cualquier otra cosa.

––Buenos días ¿Cómo se siente ?

––Buenos días doctor. La verdad me siento muy mal, el dolor está apoderado de mi.

__ ¿ Tiene fiebre ?

__Si señor, la fiebre está haciendo una especie de montaña rusa conmigo.

Y sin decir palabra, el ginecólogo sale de la habitación y con él también se escapa un poco la esperanza sobre el infierno no resuelto que se está viviendo en mi útero y hasta mas. He pasado 4 días en el cuarto de hospital, he recibido 2 dosis de antibiótico por día y ese mismo número de días que no se lo que es masticar o disfrutar un alimento o al menos beber un vaso de agua. Read Full Article

Era una mañana como cualquier otra, de esas mañanas soleadas en estos cortos días de recuperación, era el día 6 post-embolización, me levanté con una sensación como de estar cargando piedras en el interior de mi vientre, tomé la dosis del analgésico recetado y llegué a pensar que la pesadez era parte del proceso.

Imaginé acostumbrándome a esta sensación a medida que pasaba el tiempo y fue justo en ese instante cuando sentí una punzada, al minuto sentí otra punzada y la tercera fue mas fuerte que las otras dos, me senté en la cama y quise buscar hielo para colocarlo a nivel de mi vientre, pero no me alcanzó el esfuerzo ya que minutos después se desató una ola de contracciones fuertes, que me hicieron retorcer y caer tendida en la cama.

Sentía un profundo y vibrante dolor en el lado izquierdo justo en la parte donde mi vientre estaba mas prominente, justo donde se localizaba el mioma. Mis manos estaban heladas y sudorosas, cada poro de mi piel estaba erizado, mis ojos estaban empapados de lágrimas. Empecé a sangrar. De mi cuerpo tendido, solo podía mover levemente mi torso, pues de la cintura para abajo lo que sea que estuviera ocurriendo era como una especie de infierno… Read Full Article

Haber conocido al caballero jovial de bata blanca y que me diera el SI, provocó una sensación de autoconfianza y seguridad únicas, volví a abrirle de par en par las puertas a la esperanza,  sería imposible describir con sólo una palabra lo que significó ese SI. Ese día, aún sin haber accedido al procedimiento y con los síntomas cada vez más alarmantes, ese día me supo a gloria.

¿Recuerdas momentos que te saben a gloria ?     ¿Con quién estabas? 

¿Cuáles son los olores y sabores que te evocan esos momentos?

¿Que actividades de tu vida o de tu rutina te conectan con un estado de satisfacción?

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El atardecer caía con un resplandor cálido, las nubes teñidas de un tono rosa-grisáceo dibujaban una tarde perfecta. En la pradera jugueteaban cerebro y corazón, divirtiéndose hasta mas no poder.

––Esto de ser amigos me encanta. Dijo el entusiasmado corazón.

––A mi también. Tu me ayudas , yo te ayudo. Dijo el cerebro.

––Siento más coraje y más fuerza, mi latir está acelerado.

––Creo que gracias a ese latir, yo disfruto de más oxígeno.

––Sonríe amigo, quiero una selfie contigo.

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